martes 17 de junio de 2008

La Niebla (2007)

Finalmente y después de haberla visto en el cine esta tarde, me he animado a meter este post donde realmente debería estar.

Atención: En este comentario se desvelan partes importantes de la trama. Por favor, no leer si no se ha visto la película.


No sé por dónde empezar la verdad. Quizá un buen comienzo sea el director: Frank Darabont. Digamos que es un tío cojonudo. Hasta el momento ha tenido la oportunidad de dirigir películas (pocas) de lo más variopintas. Sólo conozco su trabajo a partir de La milla verde. Película enternecedora y grande como pocas. Una de esas que ahondan en la profundidad del ser humano y que te hacen daño en el pecho cuando llega el final.


Lo curioso es que, ya por aquel entonces, recuerdo perfectamente cómo me calaron los personajes. Me parecía increíble que alguien hubiera logrado cincelar sentimientos en la cara del gigante Michael Clarke Duncan a quién vi en Armaggedon, y sin duda estaba en lo cierto, pues en películas venideras volvíamos a "disfrutar" de esa losa de granito que tiene por geta. Sam Rockwell encarcelado era impresionante, como en casi todos los papeles de tarado que hace. Tom Hanks no necesita comentarios, y David Morse nunca ha sabido hacer de malo. En el tintero me dejo a los clásicos secundarios que nunca deberían faltar en una buena película. Sí, suena a chorrada, pero siempre le dan poderío al asunto y muestran que no sólo hay ganchos de derecha.
The Majestic es sorprendente, como casi todas las incursiones de Jim Carrey en el drama. Probablemente no llegó a tener el saque que se esperaba, y por supuesto no llegó a la altura de la anterior, pero es una buena película que merece la pena ver. Y la abandono con prisas para tratar por fin esa última adaptación de una novela del tío Stephen.
Stephen King es un cabroncete de mucho cuidado. Hace lo que le sale de los cataplines con sus obras entre otras cosas porque, yo creo que ya le da lo mismo. En alguna parte he dicho alguna vez que Carrie y Salem's Lot, sus dos primeras obras (si mal no recuerdo), son de una calidad exquisita. De la primera se hizo una adaptación al cine más que buena, y de la segunda ha habido varios intentos pero ninguno fortuíto. Sin duda su calidad como escritor, salvo en contadas excepciones ha ido en descenso, y a pesar de todo, son inumerables las adaptaciones de sus obras que ha tenido en la gran pantalla. Es lo que ocurre cuando se escribe un libro al mes...
La niebla, como La milla verde, cayó en manos de Frank Darabont y el resultado es el siguiente.


Después de una noche de feroz tormenta, David Drayton (Thomas Jane) y su hijo se asoman, junto con su vecino, al supermercado del pueblo en el que viven. Allí son asolados por una densa niebla y alertados por un hombre (Jeffrey DeMunn) que ha sufrido un extraño ataque. El buen hombre gritaba que había algo en la niebla que se había llevado a uno de sus amigos. Incrédulos, algunos de los clientes salen del supermercado para escapar en sus coches, tras lo que se escuchan aterradores gritos.
No mucho después David observa algo extraño en el almacén: algo intenta entrar a través de la puerta de descargas. Tras alertar a unos pocos y haciendo caso omiso de las indicaciones de David abren la puerta y ese "algo" les ataca. No pueden ver al monstruoso ser, pero sus tentáculos se llevan a uno de los jóvenes que trabajaban allí.


A partir de aquí y ante un creciente pánico general comienza un choque de ideas más o menos peregrinas de unos y otros, pues todos tratan de buscar la solución más acertada a los problemas que se les plantean. Es muy curioso como los personajes se van agrupando entre los que tienen las ideas más o menos claras y buscan soluciones lógicas para lo que han visto y los que simplemente tienen miedo. Algunos se quedan por el camino, puesto que trazan su propio rumbo, otros trazan uno distinto marcado por la paciencia, hasta que ésta se ve mermada por varios factores: más de esos ataques, muertes, y esa diferencia de opiniones de la que he hablado antes.


Esta película es en varios puntos desagradable y nauseabunda. Y ya no por el asco que puedan producir los extraños seres que (no) vemos en la pantalla, quizá esto sea lo de menos, si no por el planteamiento tan primitivo de las situaciones que hacen algunas de las personas reflejadas en ella. En concreto hay una enferma mental en el pueblo, interpretada por Marcia Gay Harden, que va enloqueciendo cada vez más ante esos monstruosos ataques. La sujeta se cree tocada por algún tipo de luz divina, y anclada en el Viejo Testamento trata de convencer a los clientes del supermercado que lo que está aconteciendo es el mismísimo Apocalipsis, la respuesta de Dios a los pecados del hombre en la Tierra y a su irreverencia a la hora de ahondar en el conocimiento científico de su propio ser y de otras especies. La excitación entre los "cuerdos" va creciendo, hasta el punto de que uno de ellos se pasa al bando contrario.


Puede que el director haya tratado de buscar algún tipo de respuesta a muchos de los absurdos comportamientos del hombre bajo el amparo de la política y la religión. Y en concreto es insólito (aunque certero) ver cómo más de la mitad de las "personas" de la tienda llegan a poner sus esperanzas en la psicópata y la animan y ayudan en sus "luminosas" decisiones. La otra mitad se divide entre los incrédulos, que escapan y los (pocos) "cuerdos" que se quedan. Obviamente no puedo mentar absolutamente nada de las causas del desastre ni del final, no como he visto que hace la gentuza por ahí. Sólo que es sobrecogedor y desde cierto punto de vista inesperado.
Evidentemente la historia y el guión juegan aquí un papel crucial, pero resulta curioso ver como el director de La milla verde, hace incapié en La niebla en temas contrarios a la otra. O quizá sean los mismos vistos desde otro ángulo. La milla verde pudiera ser una alegoría a la vida teniendo en cuenta la muerte y en ésta ocurre viceversa.
Es, además de una película de terror medianamente decente, una reflexión breve e incluso puede que simple pero eficaz, acerca del comportamiento del hombre (los hombres) como masa, las cuestiones que han regido nuestras vidas, como la religión, el salvajismo inherente al humano y su afán de destrucción y autodestrucción, y un ahondamiento (por llamarlo de alguna forma) en la fragilidad de la personalidad y de las decisiones que tomamos. Todo esto la convierten en un película inesperada y muy amarga.


El único defecto, dejando a un lado ese polémico final, es ese absurdo uso del CGI para recrear a los monstruosos seres que atacan a los humanos. Sí es cierto que algunos pueden ser magníficos puesto que la niebla no permite verlos del todo, pero los que llegan a verse con claridad podrían haberse mejorado con las técnicas de antaño. Después de todo no deja de ser una película de terror con aires de la vieja escuela. Una de esas que ya no se hacen, muy dura pero excelente.


Como dato importante tengo que mentar que el propio Stephen King reescribió el final de la película, de tal manera que no es el mismo que el de la novela.

Puntuación: 7,9

lunes 26 de mayo de 2008

The Birthday (2004)


Atención: En este comentario se desvelan partes importantes de la trama. Por favor, no leer si no se ha visto la película.

The Birthday es una de esas películas que pasan desapercibidas y sin hacer mucho ruido por carteleras y videoclubs. De las que poca gente se acuerda al cabo de unos meses. De las que pasan a engrosar sin mayor dilación las polvorientas estanterías de la filmoteca nacional. Y es una pena.

Dicho sea de paso: sí, nacional, porque a pesar de que los nombres de Corey Feldman, Erica Prior o Jack Taylor figuren en el reparto y la acción de la película se desarrolle en un hotel de Baltimore, estamos hablando de un proyecto dirigido y producido por gente española.

Como decía, es una pena que esta película acabe alojándose en una suite en los pozos del olvido. Por frescura, imaginación y desparpajo no lo merece. Brevemente, The Birthday nos cuenta 117 minutos en la vida del personaje interpretado por Corey Feldman (Los Goonies, Papa Cadillac y otros hits ochenteros de similar pelaje), un vulgar don nadie que trabaja como pizzero en Brooklyn, Baltimore (sí, Baltimore). Es 1987 y este don nadie es invitado, o eso cree él, a la fiesta de cumpleaños del padre de su novia, un magnate de la industria hotelera, y, con ese motivo, aprovechará para pedirle la mano de ésta. Con estos andamios, Eugenio Mira, el director, construye una historia que aúna comedia, ciencia ficción y terror. Exacto, un cocktail que a priori bien podría parecer difícil de mezclar. Sin embargo, el bueno del director alicantino consigue elaborar, como buen maestre en oficios alcohólicos, un brebaje que sale del paso holgadamente. Y salir del paso aquí es colocar o, más bien, descolocar.

Porque no nos llevemos a engaño, The Birthday es una película rara, bastante rara. No es sólo la prestidigitadora arquitectura de la trama o los cambios de registro. En mi opinión, hay algo profundamente oscuro e impenetrable en la psicología de los personajes, que hace a veces incomprensible sus motivaciones y preocupaciones. Por tanto, la película está abierta a interpretación y lo hace, en el mismo sentido en el que, por ejemplo, puede estarlo Pulp Fiction de Quentin Tarantino.

Hablando de referencias, a parte de Tarantino, tenemos Barton Fink de los hermanos Coen, el híbrido de Four Rooms y más genéricamente el cine de terror más underground de los 80 (Carpenter, Franco, Romero, etc.). Con todo, la película tiene una personalidad propia. Por tanto, puede decirse, en cierto sentido, que esta película forma parte de ese cine posmoderno, entendiendo por esto el tipo de cine que coge las referencias e influencias de las que se parte y las extrapola y desubica de sus marcos de referencia originales (algo que, por otra parte, ha sido la tónica en el arte de casi todas las épocas). Así pues, la película no inventa nada, pero tampoco pretende hacerlo. Una primera parte de comedia y una segunda más de terror y ciencia ficción. Ni más ni menos.

De la película me ha encantado el uso de la música, muy apropiado en cada una de las situaciones y, en general, muy sensitivo. La dirección artística es correcta y otro tanto sucede con la fotografía. En cuanto a las interpretaciones, en general son irregulares. Corey Feldman se mueve toda la película por una especie de ataque de idiocia que al principio hace gracia y después cansa por su histrionismo. Sólo los minutos finales cambian esta apreciación. El amplio elenco de secundarios cumple sin sobresalir, en parte por exigencias del guión, en parte porque no había para más.

En cuanto al plano exegético, decir que a mi la película me ha sugerido una suerte de nihilismo respecto a las pretensiones respecto a la vida, ejemplificado en las aspiraciones del protagonista respecto a su novia. Todo ello se muestra en una escena que más vale que no desvele. Decir sólo que a algunos nos ha recordado al maletín de Pulp Fiction.

Puede que The Birthday no sea una película redonda, que tenga problemas al conciliar las dos vertientes en las que se maneja. Y puede que su mensaje sea confuso y descolocador. Pero con todo, creo que su guión tiene más consistencia de la que aparenta, que rebosa desparpajo (tan ausente en el cine patrio) y que gustará a todos aquellos que tiendan a disfrutar del cine que, si bien no pretende ser experimental, sí trasluce algo distinto a través de la concatenación de cosas ya vistas anteriormente, a través de su conjunto.

Valoración: 7.2

viernes 2 de mayo de 2008

Iron Man (2008)

Bueno, parece ser que la Marvel se ha espabilado y se ha dado cuenta de la cantidad de mierda que estaba haciendo últimamente con sus películas. La gran chapuza (dejando a un lado el comienzo de la saga de Blade) comenzó con X-Men en el año 2000 de la mano del tío Bryan Singer. Es cierto que no la podemos calificar de una película mala pero es necesario verla desde dos ángulos. El primero el de una persona que no ha leído un cómic en su vida: si a uno le gusta la ciencia ficción podía resultar más o menos entretenida pero no llegar a ser una gran película dentro de este género. El segundo es el de un aficionado a los cómics y a esa densa jungla llamada X-Men. Yo me incluyo dentro de estos últimos y sinceramente X-Men me parece una mierda. La caracterización de los personajes, exceptuando a Scott a.k.a. Cíclope y el profesor Charles Xavier, es penosa.
Después apareció Spiderman en 2002, recaudando pasta por un tubo e iniciando una saga cinematográfica francamente horrible, cuya cumbre tuvo lugar en 2007 con Spiderman 3. Pasándose la historia por el forro de las pelotas, Sam Raimi reclutó a dos inútiles, Tobey Maguire y Kirsten Dunst, para realizar los papeles principales de la saga. Podríamos decir que la primera parte está salvada por una impresionante interpretación sin despeinarse del Duende Verde por Willem Dafoe. No haré comentarios acerca del resto de villanos ni del presupuesto de la infumable tercera parte.
Deberíamos correr un tupido velo sobre Daredevil, Elektra, The Punisher y Ghost Rider. Hay una palabra que las califica a todas: lamentable.
Los 4 Fantásticos además de ser una película para niños es otra chapuza argumental. Igualmente la cagaron con la segunda parte, titulada (por algún listo) Los 4 Fantásticos y Silver Surfer. ¿Silver Surfer? Me pregunto de quién sería la maravillosa idea de quitarle su solemne nombre (al menos en este país): Estela Plateada. En fin. "Grandísima idea" (nótese el sarcasmo) la de sacar los poderes de la tabla o la aparición estelar de Galactus (nada más y nada menos que uno de los seres más poderosos del Universo Marvel) como una masa nubosa. Ssssstupendo, que diría Forges.
Pero parece que los chicos de la Marvel han salido de su agilipollamiento. La cosa apunta en otra dirección pero ojo, no cantemos victoria aún. De momento todavía tengo miedo por lo que está por llegar: Punisher: War Zone (que no pinta mal), El increíble Hulk (que no pinta mal) y Iron Fist (que pinta fatal).

Después de esta introducción vayamos al meollo del asunto, que es Iron Man. De entrada la Marvel ha cambiado su logo por el de Marvel Studios, parece que no, pero dice algo de una empresa que se está dedicando a sacar películas de casi todos sus cómics e historietas.


Iron Man empieza bien, empieza a lo grande, con AC/DC sonando de fondo. Y eso suma muchos puntos positivos. A decir verdad no esperaba empezar comentado la banda sonora, entre otras cosas porque sólo recuerdo la canción del comienzo y la del final, que es el tema Iron Man de Black Sabbath. Menudo premio y qué bien escogida. Del resto tengo un borroso recuerdo, sé que eran bastante buenas, pero estaba más pendiente de los efectos especiales que de otra cosa.


En este comentario voy a prescindir de desvelar o hacer resumen de la historia y me voy a limitar a hablar de la película. Seamos sinceros, la película se sostiene en Robert Downey Jr., y esto no es en absoluto malo, puesto que es el protagonista, pero si el actor hubiera sido otro la calidad del film hubiera mermado considerablemente. La fama de alcohólico, jugador y mujeriego del propio actor le ha servido de mucho en este film, puesto que Tony Stark es exactamente (quizá algo más a decir verdad) igual que él. Eso y que además se trata de un actor excepcional. Tengo que reconocer que últimamente he visto muchas películas de él y engancha. Tiene algo que te cautiva, encarne al personaje que encarne. Pasa como con Al Pacino.
También he visto unas cuantas que tenía pendientes de Jeff Bridges, que interpreta a Obadiah Stane a.k.a. Iron Monger, osease el malo de la peli. Nunca llegué a imaginar a Bridges haciendo de malo, sobre todo después de ver al buenazo de Jeff Lebowski o al Dr. Powell de K-Pax. Pero le aporta elegancia y carácter al personaje. Normalmente es muy complicado hacerse con un buen malo para una película. Extremadamente complicado diría. Claro ejemplo son las películas de James Bond o las de Jungla de Cristal (exceptuando a Jeremy Irons en la 3). Los villanos siempre se quedan amariconados y a medio camino. Este Obadiah Stane no llega a la altura de Hannibal Lecter, Darth Vader o Smith (el de Matrix), pero es evidente que el personaje tampoco llega a tener semejantes ambiciones megalómanas.
Gwyneth Paltrow cumple con su deber medianamente bien, y sin duda va mucho más allá de lo que pudo lograr Kirsten Dunst en Spiderman. Terrence Howard deja un amargo sabor de boca cuando decide no subirse en la Mark II (la armadura plateada de Iron Man) y convertirse en War Machine, dejándo un claro espacio a una futura secuela. Punto muy interesante de la película.

En cuanto a la historia, no es demasiado compleja, hay un tímido flashback nada más comenzar y poco más. Está bien narrada y decentemente filmada. Desafortunadamente no va más allá intentando buscar planos impresionantes o un estilo visual impactante. Tampoco es que se lo haya currado mucho Jon Favreau en el aspecto vuelos. Iron Man vuela y lo hace muy bien, pero quizá se le podría haber sacado algo más de jugo en alguna secuencia de acción. No decepciona en absoluto, pero sí deja a uno con ganas de más.
Favreau logra crear un equilibrio entre un film que sólo podría degustar al máximo un aficionado a los cómics y una película de ciencia ficción que optaría por transformar el guión a su antojo convirtiéndolo en un producto palomitero y sin ningún significado cinematográfico. Es una línea delicada que el director ha sabido valorar y adaptarla a las posibilidades y a éste planteamiento.

Los efectos especiales juegan quizá el segundo papel más importante de la cinta. El primero ya hemos dicho que descansa sobre Downey. Son espectaculares. Con Stan Winston e ILM de por medio el resultado ha sido fascinante, aunque hay que reconocer que en la secuencia de montaje de la Mark III canta un poco el CGI, pero vaya, podrían considerarse manías mías.

Y poco más, esa aparición estelar de Samuel L. Jackson como Nick Furia (al final de los créditos) no ha dejado mal sabor de boca, aunque podría haberse sacado más punta visualmente hablando. Por cierto Samuel L. también sale en la futura El increíble Hulk interpretando al mismo personaje, y Robert Downey también se deja ver por la misma. Un gran puntazo de la Marvel que hace un doble guiño en sus películas. ¿Habrá más en próximas adaptaciones? Esperemos que sí, y que todas mantengan la calidad aceptable de Iron Man.


Puntuación: 7,8

jueves 28 de febrero de 2008

There Will Be Blood (2008)

Atención: En este comentario se desvelan partes impostantes de la trama. Por favor, no leer si no se ha visto la película.

Mucho se ha hablado de There Will Be Blood (mejor que el telenovelesco y desdeñable título de Pozos de Ambición). Se han creado muchas expectativas en relación a lo que nos podía ofrecer. Y, a posteriori, se han dicho muchas cosas buenas y muchas cosas malas sobre ella. División de opiniones, como en los toros. No voy a ocultar mi opinión: nos encontramos ante la segunda mejor película del año.

P.T. Anderson nos relata esta vez una historia acerca de la venganza. Ambientada a finales del siglo XIX y principios del XX, There Will Be Blood describe una historia grandilocuente, de más de 30 años de extensión, acerca de Daniel Plainview, un hombre hecho a sí mismo que pretende crecer en el incipiente negocio petrolero. Para ello, va él mismo a examinar los terrenos de una Texas anclada en una economía de tipo agrícola, encuentra lo que busca y se monta en el dólar. Pero el mismo oro negro que le hace erigirse a las cimas del mundo material, supondrá, al mismo tiempo, su caída en la más absoluta miseria desde el punto de vista moral.

Y es que si el foco pivotante de la película se centra en Daniel Plainview, Day Lewis aprovecha el guante tirado por P.T. Anderson para dibujar un personaje demoledor por su evolución a lo largo del film. Lo que en un principio es un personaje guiado por una sana ambición de prosperidad, acaba trocando en un ser oscuro y atormentado por el odio. Durante buena parte de la película al borde de la locura, Day Lewis sabe hacer oscilar a su personaje por ambos flancos del límite. Cruel, visceral y sin contemplaciones de ningún tipo, su materialismo misantrópico no entiende de creencias trascendentales o morales. Y por supuesto, no tolera la humillación, especialmente si ésta se muestra bajo la fachada de la superchería de la religión más hipócrita. Su leivmotiv vital es ganar el suficiente dinero como para retirarse del mundo y vivir aislado de los demás. Su desconfianza ante el "otro" se resume prefectamente en su frase "siempre que miro a los demás, no veo nada que me guste", la cuál es más definitoria que la más exhaustiva de las descripciones. Con razón Daniel Day Lewis se ha llevado el Oscar, creo yo.

El elenco de secundarios, no obstante, no es reducido al papel de meras comparsas. En ese sentido, destaca un sorprendente Paul Dano, que comienza a ganar consistencia tras su meritorio papel como joven nietzscheano en Pequeña Miss Sunshine. Su papel, el de un pastor de almas de la iglesia de la "tercera revelación", que en los primeros compases del film recuerda al del delirante profeta Johhanes de la siempre sugestiva Ordet, en realidad, no se diferencia en demasía del de Day Lewis. Y es que Elay Sunday no duda en anteponer los medios necesarios, por inmorales y engañosos que puedan ser, para lograr una prosperidad que ve imposible alcanzar desde su depresivo núcleo familiar. No obstante, el joven Dano peca de histrionismo en algunas escenas y, pese a que su interpretación es más que correcta, no llega a hacer sombra a la del viejo zapatero veneciano. Otros secundarios, como Dillon Freasier, el hijo adoptado de Daniel, cumplen sin destacar, a la par que algunos como Kevin J. O'Connor, el falso hermano de Daniel, se revelan como prescindibles.

Que el aspecto actoral en There Will Be Blood es esencial, no lo discuto. Pero el hecho de que sin la mano izquierda del "enfant terrible" de P.T. Anderson a la dirección no sería posible ese hecho, espero que tampoco se discuta. El joven (ya no tanto) realizador americano ha sabido hacer acopio de su experiencia pasada para aplicarla en un contexto cinematográfico en el que la interpretación coral ya no es la regla. Atrás quedan Magnolia y Boogie Nights y, con ello, el cine de Anderson entra en una nueva dimensión, ya no tan deudor de las obras de Robert Altman. Las excelentes transiciones de escenas y los interminables planos secuencias siguen ahí, pero su tono ha cambiado. Ahora su estilo es sobrio y seco. Su narración es más clásica que antes, con una estructuración por escenas a la vieja usanza (gran angular, plano general, etc.) y una implementación no tan virtuosa como antes pero sí más efectiva. El ritmo en esta cinta es tranquilo o, al menos, Anderson no añade aceleración desde fuera. Con ello, la sensación que consigue es de una extraordinaria naturalidad, en la que lo que sucede en la pantalla no se ve en ningún momento constreñido por los imperativos que le vienen desde "fuera". Esto le da pie a profundizar en la tipología psicológica de Plainview, matiz que de otro modo hubiera sido harto más complicado.

El tema central de la cinta, el de la venganza, se manifiesta puntualmente a lo largo de la película, haciéndose solamente explícito en su apoteósico final. Paralelamente, otro tema como es el de la familia, ya presente en la filmografía del director estadounidense, especialmente en Boogie Nights, cobra un peso colateral en la trama. Con todo, Anderson no cae en la redundancia, sino que más bien sabe aplicar a la cuestión un enfoque diferente al visto anteriormente, más sucio y realista.

Para la fotografía, Anderson ha contado con los servicios de Robert Elswit. Y el resultado es similar al alcanzado en No Es País Para Viejos. No en vano la película fue rodada en unas localizaciones paralelas a la de la obra de los hermanos Coen. Así que si te gusto la fotografía de aquella, ésta también lo hará. Por otra parte, la música ha sido compuesta por Johnny Greenwood, guitarrista de los siempre originales Radiohead. Y el resultado es sencillamente impresionante. Piezas que alternan clasicismo en la composición y otras con ciertas resonancias de Ligeti, la utilización que de ella ha hecho Anderson ha sido la adecuada. He de decir que no me esperaba un trabajo tan logrado por parte de Greenwood, quien en su banda madre no acostumbra a palpar esos derroteros musicales.

Estamos ante una auténtica obra de arte que retrata el aspecto más oscuro de la condición humana. Su principal problema reside en que, en su aspecto alegórico, no consigue trascender el enfoque de una mirada esencialmente moral. Y en esto es aventajada con mucha diferencia por No Country For Old Men. Es la diferencia entre una gran obra de arte y una obra de arte perfecta. Quizá, un paso por detrás de No Es País Para Viejos, pero indudablemente unos cuantos por delante del resto.


Puntuación: 9.5

lunes 25 de febrero de 2008

Rambo (2008)

Atención: En este comentario se desvelan partes de la trama. Por favor, no leer si no se ha visto la película.

Brevemente resumida la historia es la siguiente. Un grupo de misioneros, o algo parecido, llegan a Tailandia para adentrarse en la selva y prestar atención a los damnificados por las guerrillas allí formadas. Allí se topan con John Rambo, a quién todos conocemos o deberíamos conocer, que se ha aislado en esa zona y vive en una supuesta paz llamémosla espiritual. Los misioneros le piden que los lleve hasta la zona del conflicto y después de la leve insistencia de la hembra del grupo el hombre accede. Unas semanas después, y debido a la previsible captura de los misioneros por una guerrilla de la zona, se envía un comando de mercenarios a buscarles. En un principio John, quién vuelve a hacer de barquero parece mantenerse al margen, sin embargo su supuesta furia asesina forjada en el Vietnam le obliga a tomar las riendas del asunto.

Aunque llega a superar con creces a sus predecesoras, sobre todo la segunda y tercera, la historia que nos presenta el señor Stallone parece un vaso de ginebra, al que le han quitado la tónica, el zumo de limón y la lima. Un compendio de insinuaciones que no llegan a fraguar como debieran, ni muestran nada claro. Y es una pena, puesto que el aspecto técnico de la cinta llega a ser una auténtica gozada por momentos. Pero vayamos por partes.

El supuesto conflicto bélico se reduce a una opresión por parte de una guerrilla; “uniformada” y con vehículos militares, pero guerrilla al fin y al cabo, a los pueblos tailandeses que habitan en la selva. Se observa al principio de la película la destrucción de uno de ellos con extrema violencia pero que no llega a ninguna parte. Puede que la idea en un primer momento y la justificación de esa violencia fuera querer hacer cierta denuncia o crítica a lo subnormales que podemos llegar a ser los humanos, matándonos unos a otros sin ton ni son y considerando las vidas ajenas como bolsas de basura. Pero se queda en un querer y no poder, si bien porque no se presenta una situación en la que exista un conflicto de intereses entre los aldeanos y los guerrilleros y como consecuencia la justificación de los brutales ataques pierde sentido, también porque dichos ataques, aún sin tener sentido, no llegan ni por asomo a crear un ambiente de denuncia, crítica o lo que fuere a lo que ya he dicho antes. Primera pata que le quito al film.

Quisiera pensar que la penetrante mirada de John Rambo a Sarah Miller se debe al enamoramiento del hombre. Sin embargo, el escaso “feeling” que muestran y la ausencia de alguna situación comprometida tanto al principio como al final del film se convierten en otro de los puntos flacos de la cinta. Algo parece asomarse, pero puede que en un intento de hacerlo sumamente delicada Stallone ha ahogado esa supuesta relación en el fondo del río por el que lleva el barco. Se podría haber sacado un jugo exquisito a este tema, demostrando que una fiera asesina como es John Rambo también puede tener su tacto y rincón tierno. Todo se queda en unas escasas miradas mientras hablan en la barca y una ofuscada decepción al final, al ver que la señora Miller corre a buscar a su marido, después del cristo final.

Como siempre a Rambo no puede faltarle ni su arco ni su machete, con el que reparte casca como y cuando quiere. Pese a que he comentado que es bastante violenta, para lo que este tipo de películas nos tiene acostumbrado, he de remarcar sobre todo lo realista que me han parecido el empleo de las diferentes armas de la película. Normalmente en films similares u otros de acción se muestran armas que apenas causan estragos en los cuerpos de las víctimas, cosa totalmente surrealista. Se me que me estoy metiendo por los cerros de Úbeda, pero por ejemplo un rifle de cerrojo o uno como el que lleva uno de los francotiradores en el film lanza una bala con un orificio de salida del tamaño de un melocotón. Por consiguiente un tiro en la cabeza provoca que al menos la mitad de la misma reviente. En este aspecto técnico Stallone ha sabido dar en el clavo.
A groso modo me he percatado de dos aberraciones descomunales. Una de ellas no es muy difícil de localizar. Se trata del estropicio que causa una mina Claymore que, por el amor de Dios, parece una bomba H2. El otro es un maniquí que pilota una barca y al que le disparan en la cabeza, que aunque apenas sale un segundo da el cante. Supongo que no debemos entender un guiño a las míticas explosiones y chapucillas de las películas de los años 80. Sería absurdo.

El (¿irremediable?) final tiene bemoles. Un fulano se cepilla un ejército de Tailandeses con una ametralladora antiaérea. Rambo tenía que ser.

La cinta se queda muy corta y pese a que lo que se ve es parecido a lo que se veía hace un par de décadas, quizá mejorado, se anhela un poco más de profundidad en todo, sobre todo en el personaje de John Rambo. No puedo evitar una comparación con Rocky Balboa, personaje mucho más trabajado. Parece que a Stallone ya le pesaban los años y a pesar del buen gancho propiciado por Rocky para cerrar su saga, decidió dejar en paz a Rambo.

Puntuación: 6,2

sábado 16 de febrero de 2008

No Es País Para Viejos (2008)


Atención: En este comentario se desvelan partes de la trama. Por favor, no leer si no se ha visto la película.

No se lleven a engaño: No Es País Para Viejos no es una película sencilla. No es la clase de producto comestible sazonado con unas palomitas y una coca-cola; puede que la ingestión se les atragante e incluso que la digestión se les corte. No vayan a verla con sus hijos o su abuela. Tampoco se gasten seis euros en ella si han tenido un mal día; no lo van a pasar bien y la economía no marcha bien. Y sobre todo, no la vean si no tienen ganas de pensar excesivamente. En pocas palabras: aquí no les van a regalar nada.

Con todo, los Coen regresan al trono que conquistaron por méritos propios hace unos años. Me refiero a ese espacio configurado por obras clave de las últimas dos décadas como son Sangre Fácil, Barton Fink, Muerte Entre Las Flores y Fargo, y que, por unas razones u otras, no supieron defender. Es decir, ese lugar recóndito de la mente donde la oscuridad, el sufrimiento y lo hiriente de la condición humana se muestran explícitamente. El demonio que todos llevamos dentro y el leviatán que con ello se materializa en la sociedad.

No Es País Para Viejos nos cuenta la historia de la hipotética muerte de los valores y los principios básicos de la civilización occidental. La transformación de la modernidad en postmodernidad o el regreso del estado de derecho y de deber al estado de naturaleza tal y como presumiblemente cabe entenderlo a la hobbesiana. Y nos cuenta todo eso a través del motivo concreto, o de la premisa argumental, del hurto de un botín por parte de un veterano de la guerra de Vietnam aficionado a la caza tras un tiroteo en un negocio ilegal de tráfico de drogas en la frontera de Texas con México a principios de los 80. Y Claro está, a través de las consecuencias imprevisibles que ello desemboca.

Quizá el caso más palmario hasta la fecha sea Fargo, pero si existe una piedra arquimédica en toda la ya extensa obra de los hermanos Coen, ese es el azar. Y digo hasta la fecha porque si de algo se puede jactar No Es país Para Viejos es de tratar el tema elevándolo (o descendiéndolo, según como se mire) a la esfera de la abstracción, al menos, en cuanto tiene de sentido emplear esa palabra más allá de este o aquel acto particular. El personaje de Bardem es el de un asesino frío, inteligente, calculador y total y absolutamente carente de toda emoción. Una máquina de matar autómata cuyo único rasgo de humanidad es su fino y sutil sentido del humor. No es malo ni malvado, simplemente amoral. No existe la ley para él, sólo los hechos. Y lo más importante: no hay decisiones ni libertad, sólo la aleatoriedad del azar (entendida ésta como la ley que ejemplifica, valga la paradoja, la ausencia de leyes). Representa una hipotética época, la era del posmodernismo llevada a sus últimas consecuencias y, por supuesto, Bardem lo representa de forma magistral. Consigue crear un personaje imperecedero y atrapar en sus acciones en la película el sentido de la misma y, con ello, el de una determinada descripción filosófica acerca del mundo actual (me reitero: llevado a sus últimas consecuencias).

Y si Bardem hace eso, el personaje encarnado por Tommy Lee Jones nos presenta el polo opuesto. Las tablas del actor presentan consistentemente un policía que ya está de vuelta de todo, al que el tiempo no ha perdonado y que se siente marchito y caduco en unos tiempos que sobrepasan y avasallan todo su esquema conceptual de creencias. Representa los viejos valores, la moralidad tradicional y la decadencia, ya en un sentido más concreto, de lo que EE.UU. puede llegar a instanciar. Todo entendido y tratado desde una óptica externa, y saliéndose de la autorreferencialidad que un enfoque en términos de bueno o malo proporcionaría. En suma: la asunción y aceptación de la muerte ( como destino individual y como idea conceptual en la esfera de los valores morales).

Y si todo esto se refiere al sentido, al mensaje de la película, desde el punto de vista de la forma, del tratamiento narrativo escogido para la implementación de la idea, sólo queda quitarse el sombrero ante lo que es, a todas luces, una auténtica demostración de talento detrás de las cámaras. La difícil, abrupta y elíptica prosa del que es uno de los mejores escritores del siglo XX, Cormac McCarthy, ha sido llevada a la gran pantalla respetando, con cuidado y precisión casi matemática, el tempo y ritmo del imaginario McMarthyano, siempre con una sobriedad clásica digna de admiración y respeto, en unos tiempos en los que los modos de realización, parafraseando el título de la película, no son precisamente los viejos. Un trabajo que, por momentos, recuerda a Kubrick y en otros al mejor Coppola. Marcando una diferencia considerable con todo su trabajo anterior y a la vez llevándolo a un nuevo nível. El cromatismo de las tierras áridas de El Paso, los claroscuros de los interiores del motel y en general la fotografía entera, los planos generales paisajísticos, los planos de detalle y el montaje, todo y absolutamente todo y, siempre bajo mi, en ocasiones, desdeñable opinión, suponen una verdadera lección del mejor cine.

No me queda ya mucho por decir. Es posible que las pretensiones respecto a las cuales se haya visionado la película hayan condicionado una opinión acerca de la misma, en alguna medida, injusta. A muchos les ha parecido que el final es brusco, improcedente y demasiado abierto. Creo que si la peli se contempla desde cierta perspectiva (la que he intentado mostrar en estas líneas), el final se revela como una metáfora preciosa del sentido de la cinta en su totalidad. Quizá ésta no sea una película para viejos o quizá, después de todo, lo que ahora es nuevo y norma en cine, acabe siendo viejo con el paso del tiempo. Y al final, cuando eso sucede, lo que acaba perviviendo son un selecto grupo de cintas, por así decirlo, edificantes. Intemporales en una palabra. Bien, creo que No Es País Para Viejos caerá con el tiempo bajo esa clasificación.

Puntuación: 10

domingo 3 de febrero de 2008

Cloverfield (2008)

Atención: En este comentario se desvelan partes de la trama. Por favor, no leer si no se ha visto la película.

Tarea difícil el destrozar una película que todo el mundo aclama. Sinceramente la mediocridad que despide se ha visto mermada por unos y otros factores. Uno de ellos es la falta de objetividad del público, que se deja convencer por el ajetreo de unos cuántos subnormales a los que este tipo de festividades les desquician y los agilipollan del todo.

Cloverfield muestra una terrible semejanza con El Proyecto de la Bruja de Blair, que fue olvidado, (quizá reflexionado), años atrás. La Bruja de Blair era insoportable, pese a que no trato de quitarle su originalidad, y Cloverfield no lo es tanto, pero peca de sencilla e insulsa.
La historia, aunque ingeniosa, se sostiene en un palillo. A un pardillo se le ocurre en mitad de “no se sabe qué” y después de haber muerto su hermano, ir a buscar a su novieta a su apartamento. Y ya está. Esto es Cloverfield. El “no se sabe qué” destroza la ciudad a su paso mientras el protagonista y tres amigos sortean coches, túneles, ejércitos e incluso escalan edificios. Visto así la película parece muy entretenida, y lo es. Esa atmósfera de realismo que se crea al verla a través de una cámara digital personal sumado a la confusión general, produce en el espectador un estado de inquietud muy agradable durante aproximadamente una hora. La película dura hora y veinte: los primeros veinte minutos se pasan escuchando (gilipolleces) despedidas hacia el protagonista, que se va a Japón. Y el resto pues es fácil de imaginar.
Pese a que como ya he dicho la historia es muy tonta, es totalmente justificable la aventura que se echan encima para salvar a la chica, de hecho quién no lo hiciera aunque vaya la vida en juego sería un ser vil y despreciable.

La película que iba a revolucionar el género de la monster movie se ha quedado a medio camino, entre otras cosas porque sería insoportable que todas las películas de monstruos fueran así. Curiosamente nadie se ha acordado de The Host, a la que también se le había otorgado esta corona y que personalmente, aunque son muy distintas, ahora mismo está muy por encima de Cloverfield. Ahí sigue Alien en el número 1 viendo como cada cierto tiempo alguna intenta dar un saltito para alcanzarla y en cada intento ésta se distancia más y más.
En Cloverfield no hay sólo un monstruo, existen unos pequeños parásitos que caen del lomo del grande, bastante cabroncetes y de los que no han sabido sacar ningún jugo o juego.

Y ahora viene cuando me desato. Lo que uno debe preguntarse, y que desmorona toda la cinta de un golpe, es qué coño hace semejante bicho en una parte de la ciudad durante 8 horas. Porque está claro que la comida no abunda, en el cine no cabe y los humanos, a parte de ser patéticos huyen despavoridos. Recorrer tropecientos kilómetros por mar, desde no se sabe dónde para quedarse en Manhattan no tiene mucho sentido.
¿Es lógica la reacción de Rob, el protagonista, ante la muerte de su hermano? Esta se me queda en el aire.
Reconozco que hay momentos sobrecogedores. Cuando en los túneles de metro encienden la visión nocturna de la cámara los pelos se te pueden poner como escarpias. El ataque (sorpresa) al bicho por parte del ejército es también sobrecogedor. Y por último el instante en el que el monstruo se desploma debido a los bombazos de los cazas.

Decía sorpresa respecto al primer ataque visible del ejército porque no se les escucha llegar. Entiendo que la cámara no tenga un sistema de grabación de sonido muy apañado, pero de ahí a no escuchar llegar a treinta tíos con ametralladoras y un tanque hay un abismo. Pero por dios, por mucho ruido que haya un tanque monta un escándalo increíble, y más aun cuando está a 20 metros de ti. Dejo a un lado el tema de la potenciación del sonido general, puesto que una cámara así no llegaría a dejarnos sentados como lo hace aquí. A veces que sí, otras que no… será mejor pasarlo por alto. Luego mentaré otro detalle referente a las sorpresas sonoras.

El panorama que presenta el edificio en el que vive la novia es totalmente surrealista. Una pareja de edificios y uno de ellos, al que intentan acceder, está partido desde la base y apoyado sobre el gemelo. Semejante bloque de hormigón, hierro y cristales hubiera aplastado al otro en cuestión de minutos.

Ya es coincidencia que el monstruito, luego de bombardearlo se levante y justo agarre al helicóptero que tiene al lado. Y que alguien me explique cómo sobreviven tres civiles a semejante ostia en un helicóptero. Eso si, a los soldados que iban con ellos que les den por casca.

Esto que viene a continuación es algo más llamativo. ¿Por qué en Central Park, en medio de un claro y con los edificios relativamente lejos, ninguno de los tres supervivientes ha visto acercarse a un bicho que mide 300 metros? Cada pisada debe de ser como una bomba al explosionar. Y vaya, que es que se ve joder. (¿Quizá el bicho tiene tirada de ofuscación?) Del mismo modo me extrañaría un pelo que el colega te viera a ti, y mucho menos se te jalara de un bocado. La muerte del cámara es absurda.

Lo que verdaderamente ha hecho a Cloverfield funcionar es esa tremenda campaña viral a través de internet. Han sabido captar la esencia de los usuarios, y lo tremendamente vaporosa que resulta una información relativamente curiosa entre ellos. He visto día a día, según se acercaba el estreno en Estados Unidos, como la gente se iba alocando cada vez más y más. Hasta tal punto llega la tontería en la red, que una simple imagen, claramente un dibujo de preproducción causó cólera en algunos, insatisfechos con el monstruo. Otros buscaban formas malignas que desvelaran la forma del espécimen en el cartel original, llegando incluso a doblar las fotos creando imágenes especulares unidas por el centro. Qué afán por jugar a Sherlock Holmes, como si semejante pérdida de tiempo fuera a propiciarles un puesto en la Scotland Yard. ¿De verdad creerán que los que montan la película son tan tontos que van a dejar que se vea el meollo del asunto?

Es desconcertante el papel que han jugado los mensajes enviados por J. J. Abrams (productor) y amigos a través de la red. Que si un video del hundimiento de una plataforma petrolíferas (¿causado por el monstruo?), que si ballenas muertas, bebidas extrañas... Algunos situados temporalmente antes del incidente Cloverfield, y otros después. Todo esto no queda nada claro, probablemente el monstruo no llega a morir en Manhattan y sigue liándola después. Se me ocurre también que no haya un solo engendro, y que lo mismo que le haya hecho mutar a él y a sus parásitos en el mar lo haya hecho también con algún hermano suyo.
Antes y después de la película la confusión impera y nada queda claro. El resultado final es una cinta entretenida y nada más.


Puntuación: 6,4

La Jungla 4.0 (2007)


A priori:

El índice de creatividad de la industria del cine se puede medir en función del número de adaptaciones y secuelas que se produzcan para dicha industria. Las adaptaciones pueden (y deben) añadir algo nuevo por el mero hecho de ser implementadas en un medio distinto. Las secuelas, en cambio, dificilmente llegan a aportar algo nuevo de calidad. No es el caso de la saga Die Hard, que tras un retroceso esperable en Alerta Roja, la cual parecía un plagio de la original, se reinventó en La Venganza, una auténtica orgía de acción que para muchos (entre los que me incluyo) superaba a la cinta del 88. El verano pasado se estrenó La Jungla 4.0. ¿Qué cabía esperar de ella? Poco o nada en vistas de la creatividad del cine más mainstream producido últimamente en norteamérica. Por otra parte, las expectativas estaban ahí. Hablamos de la saga La Jungla de Cristal amigos. Equilibrio de fuerzas entonces.

***

Atención: En este comentario se desvelan partes de la trama. Por favor, no leer si no se ha visto la película.

A posteriori:

Ni equilibrio ni hostias. Estamos ante otro producto de consumo y digestión fácil. Otro intento de los productores hollywoodienses por sacar partido a una serie (otra, y ya van unas cuantas) que estaba muy bien como estaba. Y estamos, sobre todo, ante lo que es la tumba de uno de los mejores personajes de acción de todos los tiempos. En el epitafio pone: Despropósito.

McClaine, John McClaine. Así se llamaba el héroe de acción definitivo. Un tipo vivo y sarcástico, pero también orgulloso y bocazas. Policía alcohólico por contrato indefinido y salvador de vidas a tiempo parcial. Con problemas familiares y laborales. Un tipo, a fin de cuentas, normal, con el que te echarías unas cervezas en una tasca de mala muerte, pero con la singularidad de estar a veces en el lugar equivocado en el instante menos preciso. ¿Qué queda de eso? Nada, a excepción de lo que quepa traslucir tras la parodia.

Y es que La Jungla 4.0 no nos presenta a John McClaine, nos presenta otra cosa. Willis ya no encarna a un tipo duro de matar, interpreta a alguien indestructible. Por quien los años no pasan. Con aura de inmortalidad. Una mezcla de Terminator, Némesis y John McClaine, donde lo más difícil de hallar es lo que hay del propio McClaine en el personaje. Si hasta lo diálogos y comentarios graciosos han sido disminuidos a su mínima expresión en pos de un personaje más frío y maquinal. Un McClaine descafeinado, sin nada de carisma, pero letal. Lo dicho: suena a parodia y a refrito de ingredientes cogidos de aquí y allá.

Los guionistas, para paliar este hecho han basado la trama en una historia de hackers informáticos, por lo demás, no demasiado interesante. La intención, supongo, humanizar al personaje de McClaine a la luz de sus carencias en conocimientos informáticos. Por otra parte, ardid no muy logrado, pues no creo que un policía de bajo rango deba conocer demasiadas cosas acerca de métodos de encriptamiento de información y bases de datos. Sin embargo, me ha gustado cómo han profundizado en la tiña y desconfianza a la tecnología del bueno de John. Lo que en las entregas anteriores se insinuaba, en La Jungla 4.0 se muestra explícitamente: un dinosaurio en la era tecnológica. Aunque como es la tónica en esta cinta, de manera exagerada y abusiva.

El malo de la peli, como era de esperar, no hace sombra a McClaine. No tiene el desparpajo de Rickman en la primera parte ni el frío y sutil discernimiento de Irons en la tercera. Tan sólo es un experto en informática con ciertas ansias de venganza hacia los EE.UU. y con grandes expectativas de hacerse millonario desde el cuadro de diálogo de su ordenador. Si hasta la hija de John parece tener más pelotas que él. De igual manera no cumple Justin Long, el informático bueno de la peli. No tiene el ácido carisma de Zeus y no es Reginald Veljonshon (aquí Carl Winslow).

En cuanto a Len Wiseman (Underworld I y II), se limita a poner la cámara allí donde le dicen. No hay un sólo encuadre en el que murmures un pedante "ummm". Nada, todo parece de encargo. Sobre todo en las escenas de acción, que por otra parte, tampoco están nada mal (aún cuanto de exageradas tengan). En La Jungla 4.0 las escenas de acción son más contundentes, más inverosímiles y, en general, más al límite (¡McClaine derriba un caza con un camión!). En ese aspecto la película cumple. El problema reside en la ausencia de pulso del realizador en la narración. El ritmo narrativo flojea allí donde no hay acción y los momentos de desarrollo de la trama se suceden bruscamente. Y lo peor de todo, lo hacen sin los chispazos de genialidad de su predecesora. Por ello, no es sólo que la peli no consiga sumergirte en un estado de interés constante o creciente, es que el interés se disipa a medida que la acción se desarrolla. Incluso llega a aburrir.

No es de extrañar que una película acerca de unos terroristas tras el 11-S sea un éxito de taquilla, máxime cuando la presencia de John McClaine está de por medio. Sin embargo, son tantos los errores que aquí y allá impregnan la película, que el índice de taquilla se revela como un marcador en falso (como casi siempre por otra parte). La Jungla 4.0 pretende ser un divertimento durante un par de horas por medio del cual hacer caja. Y en efecto, ha hecho caja. Pero desde luego no ha colmado las expectativas que se le presuponía a una de las mejores sagas de cine de acción. Y es que Die Hard 4.0 tiene más de 4.0 que de Die Hard.

Puntuación: 3.9

sábado 19 de enero de 2008

Men In Black (1997)

Atención: en este comentario se desvelan partes de la trama. Por favor, si no se ha visto la película, no seguir leyendo.

Allá por los 50 el Gobierno creó una agencia con bajo presupuesto con el simple y ridículo propósito de establecer contacto con razas ajenas a la Tierra. Nadie tomó en serio la agencia salvo Barry Sonnenfeld, que en el año 97 hizo una película sobre la misma.
Quién le iba a decir que, probalemente sin querer vistas sus películas posteriores, crearía una película de culto.
El cocktail es sin duda extraño. Tomy Lee Jones, peso pesado. Will Smith, que por aquella época, aunque ahora también, era un “boom” andante. Y un director del que se conocía muy poco o nada.

La verdad sea dicha, Men In Black es buena. Mezcla muy inteligentemente muchísimo estilo, mucho humor, y una historia bastante sorprendente. Sin duda una de esas películas que tanto se echan de menos ahora, con un historia muy original y lograda.
Plantea la existencia de una agencia secreta en la Tierra, que controla el tráfico de entrada y salida de extraterrestres así como las relaciones diplomáticas con otros mundos. Los MIB resuelven todo tipo de problemas con alienígenas en la Tierra como si de un FBI se tratara. Todo esto sin que los humanos lo sepan (si se llegaran a enterar Scully y Mulder…).
El agente K busca compañero tras su última misión con el anterior. Después de fichar al agente James Edwards, quién se convertirá en J, tendrá oportunidad de ponerlo a prueba: Un Bicho (un alien inmensamente grande, con una fuerza descomunal y metido en un “traje de humano”) llega a la Tierra para hacerse con una joya que contiene una galaxia minúscula, del tamaño de una canica. La Tierra es amenazada con ser destruída si dicha galaxia no vuelve a manos de sus dueños, una raza extraterrestre. Después de investigaciones, quizá un tanto disparatadas para lo que suele ser habitual, se topan con el Bicho y con la galaxia. Y aquí comienza una verdadera persecución a contrarreloj, para salvar la vida de seis mil millones de personas.

No hace mucho pude ver algunos ‘making of’ que hay en la edición en DVD y quedé francamente sorprendido. Escenas como la regeneración de la cabeza del prestamista están realizadas a ordenador y el efecto es infinitas veces más realista que cualquiera de las porquerías que salen en el cine. Estamos hablando de una película del año 97. También los marcianos gamberros que rondan por el Cuartel General de los MIB, increíblemente bien logrados.
¿Cómo lo consiguieron? La verdad es que no lo sé. ILM está detrás de todo, y a decir verdad me espero cualquier cosa de esa gente, pero en tan temprana época me resultó impactante. Quizá no debería porque Matrix es dos años posterior, y por ejemplo Terminator 2 es mucho anterior, y a pesar de que en escenas canta la animación 3D, el efecto logrado en general era bastante realista. Sin embargo, no entiendo es cómo películas como Star Wars Episode II o Episode III tienen unos efectos digitales tan lamentables. Está claro que no es fácil lograr escenarios por ordenador realistas, cosa que por otro lado me parece estúpida. Deberían haberlos construído con maquetas en las primeras partes, una saga que marcó una categoría tan alta con Episode IV, V y VI merece un foto-realismo superior.
Volviendo a Men In Black, también me apetece mentar además de los efectos digitales el maquillaje de los alienígenas que pueblan la pantalla, realmente trabajado.
Está más que claro que en el ámbito artístico es impresionante, y ahora mismo, 11 años después, creo que es capaz de competir con cualquiera de los churros que se ven por ahí. Su Oscar y tropocientas nominaciones, incluso a los Globos de Oro, lo pueden corroborar.
Men In Black es un film de culto que no debe faltar entre la colección de cualquier aficionado a la ciencia ficción en el cine.

Puntuación: 7,4

jueves 27 de diciembre de 2007

El Perfume (2006)


Atención: en este comentario se desvelan partes de la trama. Por favor, si no se ha visto la película, no seguir leyendo.

A estas alturas, aunque no hayáis leido el libro o hayáis visto la peli, os será familiar la historia que nos cuenta El Perfume. Dicho brevemente: la historia de Jean Baptiste Grenouille, un individuo que no debió nacer nunca. Un sujeto como otro cualquiera en el presunto siglo de las luces. Como otro cualquiera salvo por el hecho de que la existencia le otorgó un don como el que nadie de su especie tuvo jamás; el don de un portentoso olfato. El Perfume nos narra la vida de este singular personaje.

Reconozco que desde que me enteré de la noticia de la adaptación cinematográfica de la obra de Süskind hace ya dos años, me mantuve receloso desde el primer momento. Tanto que he esperado un año desde su publicación para visionarla. Sí amigos, eso es escepticismo y lo demás son chorradas. Y es que llevar una obra literaria a la gran pantalla no suele ser plato de buen gusto normalmente, ni para el que lo cocina ni para el que lo degusta. Siempre que el libro del que se parte tiene cierta enjundia, la película acaba oscureciéndose por la alargada sombra de aquel. Y es que, en esta clase de films, se corre el riesgo de padecer insuficiencias en el guión, que las imágenes ofrecidas no encajen con las representaciones acerca del libro que el público lector se imagina y, sobre todo, de no reflejar el espíritu o la esencia de la obra. Naturalmente estos problemas no lo son tanto en la medida en que la adaptación sea libre o, al menos, no se vea constreñida por las condiciones que le exija la obra de la que parte. En el caso de la película que nos ocupa, El Perfume, esas condiciones, si bien exigentes y coercitivas respecto al desarrollo del hilo argumental, permiten la libertad en el campo respecto al cual el cine se manifiesta como esfera artística independiente de las demás: el de la imagen (en movimiento). Pero no nos llevemos a engaño. Cualquiera que haya leído el libro de Patrick Süskind, se habrá percatado de que la sola idea de llevar a imágenes las extensas y detalladas descripciones que el escritor alemán realizó en su Historia de un Asesino es una tarea titánica. Veamos qué tal encaró el proyecto Tom Tykwer, su director.


Lo primero que salta a la vista, después de los primeros minutos de visionado de la cinta, es que nos encontramos ante un soberbio trabajo de caracterización histórica. Los primeros instantes del film te sumergen en una atmósfera sucia y oscura en la Francia del siglo de las luces y, cabe decir, de las sombras. Tanto los decorados como los vestuarios rozan la perfección. Y la sensación se mantiene durante las poco más de dos horas que dura el film. Sin duda, la inversión realizada (la más alta del cine europeo hasta el momento con un total de 60 millones de euros) se ve gratamente amortizada en este apartado.

Y si el contenido de lo que vemos roza la perfección, otro tanto hay que decir del medio por el cual se nos es presentado. La fotografía en El Perfume es exquisita, con una variedad cromática envidiable y un juego con el claroscuro sencillamente delicioso. Tykwer, o su director de fotografía, demuestran hacer un muy buen uso de la iluminación en todas las secuencias, lo cual redunda en la inmersión en la atmósfera del film.

Desde el punto de vista meramente narrativo, sin embargo, las amplias descripciones aromáticas de la novela de Süskind se ven traducidas en la película, tanto en los más asombrosos juegos de cámara, aspecto que Tykwer domina bien como se pudo comprobar en
Corre Lola, Corre, como en los más bochornosos ardides de principiante. Y es que la traducción en imágenes, en algunos pasajes supera a la novela, pero en otros la desmerece (y no quiero citar ejemplos; el visionado de la cinta los hace patentes). Sea como fuere, no llega a plasmar en su totalidad la magia de la novela en ese sentido. Y La sensación final en este apartado, uno de los más importantes a priori de la película, acaba siendo desigual. Se dice que Kubrick meditó llevar a cabo el proyecto en su día. Si finalmente hubiera sido así, probablemente estaríamos hablando ahora en otros términos.

En términos de guión, nos encontramos con una más que correcta implementación del desarrollo de la novela, que no del ritmo en un contexto cinematográfico. Quizá en algunos puntos pretenda ser demasiado fiel y, por ello, acabe pecando de insuficiencia en algunos de sus tramos. Y es que el ritmo de la novela y el del cine son, y han de ser, distintos. Esto Tykwer no ha sabido entenderlo y, con ello, nos ha regalado minutos de metraje ciertamente prescindibles. No obstante, estos momentos se alternan con escenas impactantes llenas de tensión. Y la sensación de estar en una montaña rusa se hace patente. Esto puede no llegar a ser malo en el contexto de otra película, pero en la que nos ocupa, acaba convirtiéndose en una tara.

La mosca me andaba detrás de la oreja antes de ver la película. Pensaba: ¿a qué actor lo suficientemente grotesco y deforme habrán elegido para la caracterización de Grenouille? Lo más parecido que me venía a la cabeza era un Ron Perlman, aunque quizá sería demasiado alto. En cualquier caso, ya fuese por maquillaje o por desgracia natural, el personaje debería dar asco (cheposo, con numerosas cicatrices, etc.). Finalmente el elegido fue un desconocido Ben Wishaw, que pese a no encajar con mi imagen mental de Jean Baptiste, consigue sorprender al espectador con una interpretación realmente buena. Hace de Grenoille un ser oscuro, a veces débil pero inmisericorde otras, servicial pero con ambiciones y francamente ambiguo. Un individuo producto de la doble moral de su tiempo al que, sin embargo, la moral no parece ir con él por la sencilla razón de que la moral no es un concepto que pueda traducirse en una esencia o en un olor. Todo esto lo encarna más que aceptablemente el bueno de Wishaw.

El resto de interpretaciones se hallan a un buen nivel general, destacando las de los consagrados Dustin Hoffman y Alan Rickman, en los papeles de Baldini y Antoine respectivamente. El primero, muy natural en su caracterización de maestro creador de fragancias venido a menos y el segundo convincente en su rol de padre protector. Destacar, a su vez a la sensual Rachel Hurd-Wood, repleta del encanto de la inocencia.

Desde una perspectiva del entretenimiento
El Perfume es una excelente propuesta a tener en cuenta dentro del cine de calidad. Pese a los desbarajustes de tempo y ritmo, la peli no llega a cansar y la belleza visual y las excelentes interpretaciones acaban elevando el nivel de la cinta. No obstante, a la adaptación de una de las mejores obras literarias de los últimos veinte años hay que exigirle más, y ese algo más, esa esencia, se queda a medias. Da la sensación de que el contenido no acaba haciendo justicia al envoltorio. De que el aroma, a fin de cuentas, no hace justicia a lo aromatizado. De eso se trataba.

Puntuación: 5.7